Muchas veces se aprovecha el bautismo de una institución para recuperar la toponímia de un lugar o para homenajear a una persona, más o menos conocida, pero próxima, con quien fácilmente nos podemos identificar. ¿Por qué, entonces, alejarse tanto, a las valencianas tierras del sur? ¿Por qué irse a la Novelda del siglo XVIII para encontrar un personaje con rasgos verdaderamente merecedores de ser recuperados para nuestra memoria? La respuesta es sencilla: porque más al sur, en Novelda, en el año trece del siglo XVIII, nació quien probablemente entre nosotros, mejor puede representar el espíritu de la Ilustración: Jorge Juan.

Si se acepta la broma, Jorge Juan, hace unos pocos años, se convirtió en un "objeto del deseo". ¿Quien no deseaba tener entre las manos o en el bolsillo un billete de diez mil pesetas? Allí aparecía Jorge Juan con su cabellera rizada mirándonos como puede ser miran los marinos la línea inalcanzable: el horizonte que se persigue siempre y nunca se hace presente. Hay también signos un poco enigmáticos para los profanos: figuras matemáticas empleadas originalmente por Jorge Juan en los cálculos geodésicos que habrían de hacer en la famosa expedición científica al Perú para medir un archo de meridiano. Desde 1735 y durante casi una década Jorge Juan participó junto a eminentes científicos franceses en los trabajos que pueden simbolizar la obsesión y la ambición científica de la época: Medir la Tierra, conocer el mundo y su forma exacta, poder utilizar el meridiano, un poco más adelante, como un referente para establecer unidades de medida universalmente aceptadas. Más tarde fué miembro de las Academias de Ciencias de París y Berlín y de la Royal Society de Londres.

No obstante, eran tiempos difíciles en los que refutar la perfecta esfericidad de la Tierra se podía considerar por la Inquisición, todavía, como motivo de sospecha y de castigo. Y en ese tiempo, Jorge Juan está justo en el medio de un movimiento intelectual y vital que lucha contra el oscurantismo dogmático, que cree en la capacidad ilimitada del ser humano para liberarse de todos las ataduras, para resolver todos los problemas, para avanzar y progresar en la construcción de un mundo más justo y más feliz.

Sapere aude , atreverse a pensar, es el lema ilustrado: la tarea que se volvería revolución de libertad jubilosa al final de este siglo. Probablemente hoy s apere aude sea un buen programa de vida. Si se acepta la broma de nuevo, que Jorge Juan nos ayude... a pensar. Repitamos con él, de cuando en cuando, "Y quando no hubiera en el reino luces suficientes para comprehenderlo, ¿dexaría de hacerse risible una nación que tanta ceguedad mantiene?"